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Carta abierta para 2020

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Bogotá, Colombia, diciembre 31 de 2020 

Señor
2020
Año de la pandemia
La realidad

Respetado 2020,

Me dirijo a usted por segunda vez, disculpándome de manera anticipada por si le parezco muy insistente. Y lo hago hoy, último día del año, para evitarle mayores molestias a la vez que actúo con la debida precaución: no sea que decida usted sorprenderme más de lo que ya lo ha hecho durante el transcurso de cada uno de sus 12 meses de trayectoria. 

No es mi intensión hacer un recuento minuciosos de usted mismo, pues dicho ejercicio, además de carecer de sentido, me parece aburridísimo. Con estas casi 1.300 palabras lo que deseo es expresarle mi gratitud a la vez que reparo en algunos detalles que para usted podrán parecer irrelevantes pero pero para mí ¡Son trascendentales…!

La primera vez que le escribí, lo hice para pedirle que me devolviera mi fe (ver). No me quejo. Creo que fui escuchado. Ahora, en esta ocasión, lo hago para expresarle mis absolutos respetos, pues se los ganó con creces. Así como también, exteriorizar todos los sentimientos de frustración que quizás no he podido sacar de mi cuerpo y de mi alma y me vienen acompañando desde que arrancó con su primer trimestre del año y que mes a mes aumentaron en número. 

Pero antes, permítame hacer un flashback e irme para 2019, año que lo antecedió a usted y que no tuvo la más mínima delicadeza de avisarnos con relación a las enormes sorpresas con las que usted supo aparecer semana tras semana.

El año en general venía siendo aceptable. En EVOLUCIONA nos llegó un cliente, los proyectos se estaban moviendo bien y el futuro se veía promisorio. Arrancamos nuestro fortalecimiento empresarial con nuestra coach de cabecera para mejorar y fortificar aspectos personales y empresariales. 

Aún recuerdo una de aquellas sesiones de coaching —de hecho una de las más importantes de mi vida— cuando la mentora nos dijo que muchas veces pensamos que el dinero es una traba para hacer las cosas y entonces nos limitamos, porque pensamos que es mejor no arriesgamos a hacer eso que queremos sin los recursos económicos, porque nos predisponemos al fracaso por falta de plata. Y bueno, la cosa me quedó sonando, y terminé inscribiéndome al gimnasio con lo poco, medio asustado, porque lo cierto es que yo quería empezar a ejercitarme de forma constante y activa, pero los verracos números no me cuadraban, cosa para nada sorprendente, porque a mí los números no me han cuadrado desde sexto grado… Las matemáticas nunca han sido lo mío, razón trascendental por la que escogí la publicidad como carrera de vida. De todos modos, el gimnasio fue. 

Es que usted, señor 2020, no se imagina todos los sacrificios y riesgos económicos que tuve que asumir los últimos meses de 2019 para empezar con el  deporte de forma más disciplinada. Así, en un momento de epifanía, recibí una llamada a mi celular de un número desconocido que de inmediato me hizo evocar las palabras de mi coach en aquella sesión… “Juan, cuando uno quiere hacer algo, Dios, el universo, el cosmos se mueven para que puedas lograrlo. ¡Incluso, si no tienes los medios para hacerlo!” mientras al otro lado de la línea una asesora de mi banco decía en tono uniforme, sostenido y bien memorizado: “Señor Juan Manuel, por su excelente manejo de su tarjeta de crédito el banco ha decidido entregarle otra tarjeta con 5 millones de cupo, ¿la quiere aceptar…? El gimnasio fue. Dije, ¡claro que sí, aquí fue! Además, era una tarjeta Visa Selección Colombia y me regalaban la camiseta de la tricolor, que después preferí cambiar por un bono para mercado por $ 120.000 pesos, pues la camiseta que regalaban era la amarilla feíta de líneas azules que se parece al blog de colegio donde a uno lo ponían a hacer planas en la primaria. Usted y todos las recordamos, ¿cierto…?

Así que decidí pagar el año completo de gimnasio de forma electrónica por medio de un tarjetazo. Arranqué en septiembre de 2019 con una disciplina bárbara. Iba todos los días. hice fama entre los entrenadores —Uno me decía, “muy bien, yo nunca había visto esta constancia en ningún afiliado…”—. Me gané un premio por entrenar 21 días seguidos para abonar un mes de cortesía a mi plan y otro igual para un amigo, que le regalé a mi cuñado, quien meses después, apenas usted llegó, finalizando enero, terminó pagando otro plan anual. «En EVOLUCIONA Publicidad promovemos el bienestar de nuestro equipo”, nos dijimos. Y sí. El dinero empezó a llegar.

En fin. Usted tuvo que haberse dado cuenta. Fui sagradamente. Durante 5 meses. A diario. Sin más que con mi ropa deportiva, un candado con clave para el casillero y mi botilito de agua. Sepa que jamás opté por usar sustancias metabolizantes, así usted no me lo crea. Lo disfrutaba mucho.

Otra entrenadora en cambio, me contaba la travesía de casi 2 horas y media que tenía que meterse a diario para llegar de su casa a la sede del gimnasio y que los aguacates en su barrio costaban $1.000 pesos, cuando en el mío no bajan de $3.500 pesos.  

Desde finales de marzo y comienzos de abril, cuando nos llamaron a cuarentena estricta, me tocó ver cosas que nunca antes había visto, como por ejemplo la gente que se arrebató a comprar papel higiénico en los supermercados y mostró una de las peores caras del ser humano. La de pensar solo en su propio culo y no mostrar ni pizca de empatía hacia los demás. 

Después fue el encierro en mi apartamento donde no se hizo necesario volver a usar el Waze, pues los itinerarios se hicieron ultra cortos y los recorridos eran del cuarto al baño, del baño a la cocina, de la cocina a la sala y de la sala al cuarto. Yendo de la cama al living total.

En esos 3 meses de encierro los aprendizajes fueron muchos.  Aprendí a hacer dulce de leche y algunas veces cortado. Pude meditar y orar más, tal cual como usted me lo pidió. Y tuve más tiempo para leer. Además, me desintoxiqué de tanto fútbol y disfruté los deliciosos conciertos semanales de Fito Páez y Pedro Aznar.

En fin, que manera de sorprendernos señor 2020. Gracias por hacerme más fuerte —aunque no precisamente por poder ir al gimnasio que pagué por adelantado— y por todas las oportunidades que me dio para crecer en este apasionante mundo de emprendimiento. Gracias a usted y su intensidad impredecible me di cuenta que somos tan fuertes como lo queramos ser. Claro, finalizo año con algunas canas nuevas y algunos centímetros más de abdomen sobre los que ya tomé las medidas del caso con la esperanza de que 2021 me permita materializarlas.  

Antes de irme con mi gratitud a esperar 2021, le ruego no se moleste con el contenido expuesto en esta carta. Asimismo, le suplico encarecidamente que sus últimas horas de vida transcurran con la mayor tranquilidad posible. Por favor descanse desde ya en paz.

y por penúltimo, también quiero agradecerle porque la prueba PCR que me tuve que hacer y la de mi familia salió negativa. Ya no somos muchos los privilegiados de familias negativas para covid.

Cordialmente,

Juan Manuel Reyes Trujillo
Director Creativo
Evoluciona Publicidad
Bogotá, Colombia

Nota: vale la pena apuntar que el pénsum de mi carrera incluía precálculo y estadística, materias que supe perder con creces. Desde ya le prometo a 2021 escribir un blog sobre mi relación con los números.

¡Listo estoy para ver qué nos trae el Año Nuevo! 

¡Adiós!

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